sábado, 21 de julio de 2012

Hombre raro

           

Soy el último hombre que habla con los pájaros,
el que susurra al oído de los búhos
cuando en el campo ya no queda nadie
y en el crepúsculo yace un resplandor que sólo mi alma puede comprender.
Soy aquel que en silencio
ama las ortigas
cuando, al atardecer, vomita el sol
la lentitud violeta de las sombras
que tiemblan como enredaderas de cristal
baja la carpa sin fondo de lo azul.

Enderredor de mi alma
sólo hay frío
pero en mi pecho aún duermen los pastores
y el verano se agita en la palma de mi mano
como un lagarto de cuarzo.
Soy la luz
que a los ladrones del viento les da agua,
aquel que, en la noche, acaricia los nogales
que dormitan al filo de la soledad.
A veces soy un erizo
enamorado
de las estrellas últimas del cielo
y avanzo por las veredas más lejanas,
donde no llega nadie en el invierno
que no sea el lánguido vuelo de los cárabos
o el deambular sin futuro del mendigo
que esconde en los trigos sus lágrimas de sal.

Vivo en el vientre antiguo de las nubes.
Mi silencio es el campo,
el púrpura antiguo que subyace
en las galerías del amanecer.
Soy el último hombre que habla con los pájaros.
Nadie me entiende, por eso tengo alas
y me sigo escondiendo en el alma de los búhos
o en el sigilo de los petirrojos,
en el corazón violeta de las sombras que aún regurgita el sol de mi niñez,
donde aún permanece la única verdad.

No hay comentarios: